CCU
¿Qué es la tecnología CCU?
La captura y utilización de carbono (CCU) es el proceso de capturar CO2 y darle un uso diferente. La CCU propone convertir el CO2 capturado en productos más valiosos, como plásticos, hormigón o biocombustible, mientras mantiene la neutralidad de carbono de estas conversiones.
CCU
Captura y utilización de carbono
La conversión del CO2 puede diferenciarse en dos tipos de productos:
- Biocombustibles y fuentes de energía renovable: Productos como el metanol o el metano, que se pueden utilizar como combustibles y tras su uso, el CO2 vuelve a la atmósfera.
- Productos de carácter permanente: Aquellos productos que se emplean en construcción como plásticos u hormigón.
Dado que el CO2 es una forma termodinámicamente estable del carbono, la fabricación de productos a partir de este gas requiere mucha energía. Considerando las diferentes opciones de captura y utilización, las investigaciones en este campo sugieren que aquellas que involucran la producción de sustancias químicas, combustibles o el cultivo de microalgas poseen un potencial limitado para la eliminación del CO2 del aire, mientras que aquellas que implican su uso agrícola o en materiales de construcción pueden ser más eficaces.
Consumo neutro en carbono
¡Ojo! La idea de esta tecnología no es reducir la concentración de CO2 de la atmósfera, sino aprovechar el CO2 que ya está presente en la atmósfera y reutilizarlo. De esta forma, las emisiones del CO2 producido durante el proceso de conversión y las posteriores emisiones que surjan al consumir el producto obtenido serán las mismas o menores que la cantidad de CO2 eliminado de la atmósfera en el proceso. Esto se conoce como ‘carbono neutro’.
¿Te da curiosidad saber que se está investigando actualmente?
A continuación, vamos a repasar las opciones más interesantes para la captura y transformación de CO2
Electrólisis del CO2
El CO2 puede convertirse mediante electrorreducción en combustible neutro en carbono mediante un proceso de catálisis en medio acuoso. De este modo, es posible transformar el CO2 directamente en etanol, el cual luego puede convertirse en gasolina o combustible de aviación.
Otros de los principales productos de gran utilidad son el formiato, el oxalato o el metanol, siendo la síntesis electroquímica de estos productos una práctica sostenible desde el punto de vista medioambiental.
Combustibles neutros en carbono
Se puede crear un combustible neutro en emisiones utilizando CO2 capturado de la atmósfera e hidrógeno (H2) obtenido mediante electrólisis del agua. En procesos como el Fischer-Tropsch, el CO2 reacciona con el H2 para obtener monóxido de carbono (CO) mediante la RWGS (Reverse Water Gas Shift, reacción de desplazamiento de vapor de agua) que luego vuelve a reaccionar con el hidrógeno para obtener parafinas y olefinas, y obteniéndose agua como subproducto. Cuando el combustible se quema, el CO2 liberado en la combustión se devuelve a la atmósfera. Este proceso no resulta en una extracción neta de CO2 de la atmósfera ni en una emisión neta hacia ella, por lo que se denomina «combustible neutro en carbono».
Reverse Water Gas Shift Reaction
La Reverse Water Gas Shift Reaction es la reacción química inversa a la Water Gas Shift Reaction donde, en vez de buscarse producir H2, se hace reaccionar este con CO2 para producir CO:
CO2 + H2 ↔ CO + H2O
Proceso Fischer-Tropsch
El proceso Fischer-Tropsch es un proceso químico utilizado para producir hidrocarburos líquidos, como gasolina, queroseno, gasóleo y lubricantes, a partir de CO y H2, mediante las reacciones:
-
Producción de parafinas
nCO + (2n + 1)H2 ↔ CnH2n+2 + nH2O -
Producción de olefinas
nCO + (2n)H2 ↔ CnH2n + nH2O
Metanol: El combustible de metanol puede fabricarse utilizando el CO2 capturado y energía renovable para las reacciones químicas, que son endotérmicas. Siendo fácilmente sintetizable a partir de CO2 y H2, se considera al combustible de metanol como una alternativa neutra en emisiones frente a los combustibles fósiles.
Biocombustible a partir de microalgas
Cuando se alimenta un estanque de microalgas con una fuente de CO₂, como los gases de combustión, se permite que las algas proliferen. Una vez alcanzado su crecimiento óptimo, se cosechan y su biomasa se transforma en biocombustible. Por cada tonelada de biomasa seca de microalgas, se extraen 1,8 toneladas de CO₂ del aire, aunque este retorno al ambiente ocurre cuando el biocombustible se consume. A pesar de su potencial, esta tecnología aún no está completamente desarrollada. Es necesario seguir invirtiendo en investigación para optimizar las condiciones de cultivo y evitar la dependencia de otras líneas de producción más rentables, como la fabricación de fertilizantes en lugar de combustibles.
Síntesis química
El CO₂ capturado puede utilizarse como materia prima en la producción de diversos productos, como policarbonatos, ácido acético, urea o PVC. Esto se logra a través de reacciones de carboxilación, en las que el CO₂ actúa como precursor de compuestos orgánicos, tales como carbonatos, acrilatos y polímeros. Alternativamente, se puede emplear en reacciones de reducción, donde se rompen los enlaces C=O para producir compuestos como metano, metanol, gas de síntesis, urea o ácido fórmico. La capacidad de la síntesis química para retirar de manera permanente el CO₂ de la atmósfera depende del producto generado. En este sentido, la síntesis de productos con una vida útil prolongada, como los minerales carbonatados utilizados en construcción, es preferible para un secuestro de carbono más duradero.
Gas de síntesis
El gas de síntesis es un combustible gaseoso, formado principalmente por CO y H2 en diferentes proporciones. Su principal uso es la producción de amoníaco y metanol, aunque históricamente se ha utilizado como reemplazo de la gasolina cuando el suministro de esta ha sido limitado. Un ejemplo de esto se dio durante la Segunda Guerra Mundial.
Mineralización
La mineralización del carbono, o carbonatación mineral, es un proceso en el que el CO₂ reacciona con óxidos metálicos, principalmente de magnesio o calcio, para formar carbonatos.
Entre las principales ventajas de la mineralización se encuentra la posibilidad de utilizar corrientes de CO₂ no purificadas, como las provenientes de gases de combustión, y la capacidad de generar carbonatos estables que pueden almacenar CO₂ durante largos periodos (décadas o incluso siglos) sin riesgo de fugas, a diferencia de los procesos de captura y almacenamiento de carbono (CCS).
Sin embargo, esta tecnología aún no está completamente desarrollada para aplicaciones a gran escala, debido al alto coste energético del proceso y a los elevados costos asociados a la extracción, transporte y preparación de los minerales, lo que disminuye la eficiencia general en la eliminación de CO₂.
EOR (enhanced oil recovery) y ECBM (coal-bed methane recovery)
La extracción mejorada de petróleo (EOR, por sus siglas en inglés) consiste en la inyección de diversos agentes químicos, como CO₂, gas natural, nitrógeno, polímeros y surfactantes, en reservorios subterráneos para extraer el crudo atrapado en la roca.
De todos estos agentes, el CO₂ es el más utilizado debido a su bajo costo y amplia disponibilidad. Cuando se inyecta en condiciones supercríticas, el CO₂ se mezcla con el petróleo, reduciendo su viscosidad y mejorando así la eficiencia del proceso de extracción.
Sin embargo, gran parte del CO₂ vuelve a la superficie junto con el petróleo extraído. Aunque se recicla por razones económicas, una fracción del gas se libera a la atmósfera.
Bajo ciertas condiciones, es posible almacenar de forma permanente el CO₂ inyectado en los yacimientos subterráneos, de manera similar a los procesos de captura y almacenamiento de carbono (CCS).
En cuanto a la extracción mejorada de metano en yacimientos de carbón (ECBM), el CO₂ se inyecta para aumentar la liberación de metano (CH₄) en lechos no minables. No obstante, esta tecnología no está tan desarrollada como el EOR, que cuenta con más de 40 años de aplicación en la industria.
Agricultura (madera y carbón vegetal)
La fijación de carbono mediante el cultivo de plantas ha sido propuesta como una estrategia para combatir el cambio climático. Esta idea surge de la observación de la Curva de Keeling, la cual muestra que los niveles de CO₂ en la atmósfera fluctúan anualmente en aproximadamente 5 ppm (partes por millón), debido a cambios estacionales en la vegetación y a la diferencia en la cantidad de superficie emergida entre los hemisferios norte y sur. Las plantaciones pueden ser semipermanentes, aumentando la cantidad de vegetación y ampliando los bosques, o pueden tener un carácter estacional, dado su ciclo periódico de cosecha.
Tras la recolección, la biomasa obtenida puede transformarse en combustible, mientras que el biocarbón, subproducto de este proceso, se utiliza en la agricultura para mejorar el suelo.
Curva de Keeling
Gráfica que muestra los cambios de concentración de CO2 en la atmósfera desde 1960, siendo el registro continuo más largo de CO2 atmosférico en el mundo y la primera evidencia de la contribución del ser humano al efecto invernadero y al calentamiento global . Su nombre proviene de Charles David Keeling, pionero en la toma de medidas del CO2 en la atmósfera desde el observatorio en Hawái, y quien reflejó la variación estacional y anual en los cambios de concentración en la atmósfera.
La combustión y descomposición natural de la biomasa emite grandes cantidades de CO₂ y CH₄ a la atmósfera. Aunque la producción de biocarbón también libera CO₂ (hasta el 50% de la biomasa), el carbono restante se estabiliza de manera indefinida. Este carbono permanece en el suelo durante siglos, ralentizando el incremento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Además, el biocarbón mejora la calidad del agua, aumenta la fertilidad del suelo y eleva la productividad agrícola, gracias a su estructura porosa, que retiene nutrientes y agua, promueve el crecimiento de microorganismos beneficiosos, y reduce emisiones de metano y óxido nitroso (N₂O), ambos gases de efecto invernadero más potentes que el CO₂. Actualmente, se investiga su uso como aditivo en cemento para reducir costos y mejorar propiedades mecánicas, así como combustible mediante mezclas con líquidos, como agua, metanol o etanol, obteniendo suspensiones similares a las lechadas de carbón.
Lechada de carbón
El combustible de lechada de carbón y agua es una mezcla combustible compuesta por finas partículas de carbón suspendidas en agua. Este combustible puede ser utilizado en la alimentación de calderas, turbinas de gas, motores diésel, plantas de energía y sistemas de calefacción.